Lucy Rees ¡Los caballos necesitan moverse en libertad!

Restringimos mucho a nuestros caballos y de muchas maneras: cómo viven, con quién pueden comunicarse, qué comen y cuándo, cuándo y cómo se mueven… Y la realidad está evidenciando, que cuanto más los restringimos, más sufren por problemas tanto físicos como mentales.

“Yo no viajo para llegar, sino simplemente para viajar. El gran asunto es moverse”– Robert Louis Stevenson.

Curiosamente, la actitud humana ante cualquier problema ha sido la de desarrollar más medicamentos y técnicas para seguir con nuestras imposiciones en vez de descubrir cuáles son los requerimientos básicos del caballo, cómo podemos satisfacerlos y hasta dónde se pueden adaptar.

Así, hay datos básicos del caballo que no sabemos, simplemente no nos hemos puesto a investigarlos. Por ejemplo, algo sencillo: ¿cuánto se mueve un caballo en completa libertad? Se ve que los caballos asilvestrados o ferales se mantienen muy bien, aunque adelgazan según la época del año, tienen una salud impresionante del casco, las articulaciones y los tendones.

No sé de verdad cuánto viven, pero en mis exploraciones de esqueletos de caballos salvajes he encontrado que la mayoría tenían 25 años o más, sobre todo las yeguas (aunque recientemente encontré el cráneo de un semental que tenía mucho más: sus dientes se habían desgastado hasta las raíces). Galopan donde sea, en piedras, precipicios y fango sin quedar cojos o dañados. Nunca padecen laminitis o navicular. Un estudio reciente sobre los caballos de nivel deportivo medio en Suecia mostró que la norma de vida era de 14 años y la mayoría se sacrificaron por problemas musculo-esqueléticos, sobre todo de las articulaciones. Claro, algo va mal con nuestra preparación, quizás simplemente no se mueven lo suficiente. Pues, ¿cuánto caminan en la Naturaleza?

Recorrido diario

Hay solo un estudio sobre los recorridos diarios que hacen los caballos salvajes, los “brumbies”, en el centro de Australia: extensiones enormes de terreno muy seco donde los caballos, a menudo, beben solo una vez cada dos o tres días. Caminan, por lo general, 17´9 km. Y se les encuentra a veces a 50 kilómetros del agua. Este número es interesante, pero no tiene relevancia si lo comparamos con las condiciones en Europa, donde no hay que hacer tanto viaje para beber.

Hacer estos estudios es más difícil de lo que parece. Normalmente, hay que disparar a un caballo con un dardo con anestesia, rezando para que no se haga daño en la caída (menos peligro en condiciones semidesérticas), y se le coloca un collar con GPS: aquel que usaron pesó 700 gramos. Después de varios días, hay que reencontrar al caballo y tumbarle de nuevo: también es más fácil donde la vista es inmensa y el terreno puede ser transitado en 4×4. Se ve que este procedimiento es imposible o demasiado peligroso en muchos sitios.

Pero… tengo mis pottokas aquí en España listos para investigar, aunque sigo sin estar preparada para dispararles los dardos. Afortunadamente, hay tres que se pueden tocar: dos sementales y un soltero de dos años. Aquí, con orgullo, os presento los primeros resultados obtenidos en Europa: las normas de las distancias medidas durante 14 días: los tres hacen 14´1 kilómetros diarios. El mínimo recorrido fue de 11 kilómetros y el máximo de 25.

Elaine convence a Gabiri para quedarse quieto con la excusa de quitarle las moscas que están por debajo de su cola, mientras, Paula le coloca el collar con el GPS

Ahora, el pottoka es pequeño, mide alrededor de 1´20. Entonces, llevamos al pottoka manso de una amiga, un caballo de 1´55, a lo largo de una pista para comparar cuántos trancos hizo, porque me parece que el efecto sobre su cuerpo está en cuántos trancos hace, no en los kilómetros que recorre. El pottoka, 37, el caballo, 52, un ratio de 1:1.4.

Por lo tanto, un caballo de este tamaño, si hace la misma actividad que el pottoka, recorrería 17´6 kilómetros, casi igual que los brumbies. Es muy sorprendente dado que el terreno es tan distinto, con muchas más inclinaciones, piedras, brezo y escoba y agua.

Animada por los resultados, me puse a medir lo que hacían mis caballos de monta, en mi finca de seis hectáreas. La yegua española de 1´55, 7 kilómetros. No lo he repetido tantas veces como para obtener una buena norma y los rangos. Pero lo que es interesante es que Hampson, el autor del estudio sobre los brumbies, encontró que los caballos domésticos iban 7´2 kilómetros en un prado de 16 hectáreas. Hampson hizo medidas en prados y padocks de varios tamaños, encontrando que cuanto más pequeño era el recinto, menos se movían. En el más pequeño, un corral de 6×6 metros caminaron solo 1´1 km., como en la cuadra.

Pintxo demuestra los resultados de moverse tanto en la sierra

Durante las dos semanas que tomamos medidas sobre Pintxo, uno de los sementales, él y su banda quedaron en un puerto, el Risquillo, andando de un lado a otro de la ladera. Solo un día cada semana, Pintxo salió de la zona. En estos días hizo 23 y 25 kms. Los días que se quedó en el Risquillo, hizo por norma un poco más que 11. Hay que medirlo, pero calculo que esta zona sería, más o menos, de 16 hectáreas. Es decir, en la misma área en la que un caballo doméstico haría 7 kilómetros, el salvaje hace el doble (ajustando con el tamaño del caballo). También se nota las distancias enormes que hizo Pintxo en sus días de excursión, como si fuera intentando -y consiguiendo– subir su norma a los mágicos 14 km. Me confirmó la impresión que siempre había tenido: los caballos domésticos más felices y sanos son los que viven en un pequeño grupo estable, en prados y salen para hacer una buena excursión con sus dueños el fin de semana, haciendo los kilómetros que les faltan en los prados.

¿Por qué los caballos domésticos son más perezosos que los salvajes? ¿Es simplemente el hecho de tener un cercado en el que se aburre y no tiene la oportunidad de salir? Parece que sí, ya que se escapan si dejamos la puerta abierta, aunque haya comida de sobra adentro y peligros afuera. Es un buen ejemplo de cuánto subestimamos sus deseos de ejercitar sus habilidades cognitivas de investigar, explorar, escoger por sí mismos, descubrir nuevas situaciones y cómo tratar con ellas.

Hampson también experimento con un padock de 100×50 metros, dejándolo sin divisiones o poniendo varios padrones de barrera para intentar aumentar las distancias recorridas. Un diseño fue un track circular. Pero ningún diseño tenía efecto, los caballos se quedaron con los mismos 4 kilómetros, excepto uno con un cercado en espiral, donde hicieron menos.

¿Cuál es el efecto de todo el movimiento?

Mucho: el estiramiento casi total del dorso, la circulación se estimula, los pies bombean la sangre hacia arriba a cada tranco, la digestión se mueve. Otro estudio muestra que, al encerrar a un caballo en una cuadra, donde hace 1´1 kilómetros diarios, la movilidad intestinal baja aproximadamente a la mitad de su valor en pasto. Y el movimiento, sobre todo las inclinaciones, trabaja todos los elementos del sistema musculo-esquelético.

Los cascos de una potra de 10 meses

Este ejercicio se ve también en los potrillos, incluso desde su primer día de vida, ya que andan lo mismo que sus madres. Descansan más y luego ¡galopan!, a menudo en círculos alrededor de la madre, haciendo así los mismos kilómetros diarios. Este movimiento es particularmente importante para el desarrollo del cartílago durante los primeros meses de vida, viéndose afectado de por vida si el potrillo no tiene la libertad para estimularlo. La sobre protección de los potrillos, especialmente los destinados a una vida deportiva, es la que les hace propensos a lesionarse a la hora de hacer un trabajo fuerte: ¿cuál fue la mayor causa de muerte en los caballos suecos? Toda la atención al equilibrio mineral de su comida no recompensa la falta de ejercicio.

El ejercicio del potrillo desde su nacimiento es de suma importancia por el desarrollo sano de los tejidos, sobre todo el cartílago

Ejercicio

Ya oigo: “aunque mi caballo vive en cuadra, tiene su ejercicio diario, este le basta ¿no?” Francamente, no. El caballo de doma o western que hace 30 – 40 minutos de trabajo fuerte, cubre de 1 a 2´4 km. Incluso el caballo de carreras hace solo 2-3 kilómetros en su entrenamiento diario. Y se ha visto que, contrastando la opinión general, cuanto más jóvenes son al empezar este entrenamiento, mejores son sus posibilidades de completar su carrera sin dañarse, por el efecto del ejercicio sobre los tejidos inmaduros. Su problema es que trabajan siempre sobre la misma superficie blanda y uniforme, lo que no da suficiente densidad ósea ni la elasticidad de tendones y ligamentos cuando llega a la carrera y galopa fuerte. Y, por supuesto, que están encerrados 23 horas diarias. Hace años, por lo menos en las Islas Británicas, los caballos de carreras se prepararon en el campo, con minutos dosificados sobre la carretera, y no se rompían tanto como hoy en día.

En fin, ya hace un tiempo que abolimos las cuadras como una moda pasada: adaptadas a su época cuando los caballos trabajaban ocho horas al día, no para la vida moderna. Pero no podemos pensar que echar al caballo en un corral es suficiente, tenemos que pensar cómo aumentar los kilómetros diarios que necesita. Si el prado le aburre, ¿porque no introducir novedades que le interese? Si tenemos que ponerle en la noria para aumentar sus distancias, ¿por qué no ponemos palos, ruedas, pequeños obstáculos que le sugiera más esfuerzo? Viendo la destrucción del mundo que nuestra falta de respeto con la Naturaleza está propagando, ¿no podemos respetar las normas establecidas por la Naturaleza para el caballo?

Texto y Fotos: Lucy Rees – Artículo publicado en revista Galope