Lucy Rees – Moviéndose

Moviéndose con los tiempos

Aunque hemos mantenido unas estrechas relaciones con los caballos durante miles de años, nuestras ideas sobre qué hacer con ellos y cómo hacerlo han cambiado y evolucionado, reflejando los cambios de los valores de la sociedad contemporánea, sea cual sea. Cuando escribió de la Gueriniére, los aristócratas franceses estaban abandonando sus latifundios rurales para los refinamientos de la capital, con sus perfumes, sus volantes y sus afectaciones, aunque no abandonaron la idea de que un joven de buena familia debería montar. Pues en vez de preparar el caballo en el campo para la caza y la guerra, se traslado la equitación a los espacios confinados de la cuidad en los ejercicios de la doma clásica. Cien años después, cuando los grandes ejércitos europeos necesitaron unas caballerías capaces de moverse rápido a través de terrenos cada vez más encerrados, nacieron las escuelas militares para formar sus reclutas, y son sus métodos en que se basa la formación institucionalizada de los profesores de equitación actuales.

Es fácil olvidarnos que las sociedades que produjeron estas formas de interaccionar con el caballo fueron totalmente distintas que la nuestra.  En el tiempo de de la Gueriniére, la obediencia se considero producida por el castigo y la tortura pública de los desobedientes (es gracias a su gran humanidad y sensibilidad que de la Gueriniére no advoco estos métodos con los caballos); no había ninguna ciencia de enseñanza; y los animales se consideraron demasiado estúpidos para pensar o sufrir. En las escuelas militares un siglo más tarde, el recluta no cuestionó sus superiores, no pidió explicación, simplemente obedeció (y todavía por miedo del castigo) sin pensar e intentó sacar la misma actitud de su caballo.

Vivimos en tiempos distintos. Gracias a la neurociencia comparativa, sabemos que el caballo tiene centros emocionales igual de grandes y complejos como los nuestros. Gracias a los estudios sobre el aprendizaje animal, sabemos que el castigo es una manera inútil de enseñar, de hecho sabemos las mejores maneras de enseñar a los animales (aunque se los aplica al caballo mucho menos que al perro). Gracias a la fisiología, sabemos más de los dolores del caballo, los que esconde debido a su posición como animal de presa. Gracias a la etología, sabemos que los animales tienen maneras de actuar basadas en su evolución y que un animal alejado de su forma natural de vida actúa de maneras anormales debido a su estrés.

Lucy Rees doma

No todos los cambios modernos vistos en nuestra sociedad han beneficiado a los caballos. Más allá de estos conocimientos, los que nos llevan a cuestionar por ejemplo si es deseable controlar un caballo por palancas metálicas en la boca,  o mantenerle parado en una cuadra, nuestra sociedad está más lejos de la naturaleza y los animales. No vemos cien caballos en la calle cada día como antiguamente. La gente tiene cada vez menos experiencia de tratar con animales: no sabe dónde ponerse para moverlos, no sabe como comunicarse con ellos, no sabe hasta dónde llega su comportamiento o por qué, pues esta incertidumbre les provoca miedo constante. El capitalismo flagrante promociona un espíritu de competición, lo que el egoísmo del humano sin valores más que lo material y su estatus social, le rinde ciego. Y a pesar de estos cambios, el mundo ecuestre establecido sigue con métodos y actitudes procedentes de otros siglos, otras sociedades.

Lucy Rees Doma natural

Afortunadamente nuestra sociedad más educada y más capaz de buscar información, en que todos tenemos el derecho de votar y vivir sin miedo, dolor o palizas, ha promocionado también el cuestionar, valorizar e influir en los cambios contemporáneos. Necesitamos unas maneras de entender e interaccionar con los caballos que responden a los valores e ideales de nuestro siglo 21.  Así se ve floreciendo no solo nuevas formas de hacer la primera doma de un potro basadas en la comunicación bilateral sino también nuevas formas de tocar el caballo, evaluar su bienestar y aliviar sus incomodidades. Estas nociones, combinadas con la percepción que el castigo, la presión y el dolor perjudican la actitud cooperativa del caballo,  ayudan, y mucho, en la equitación establecida, aunque hay que decir que muchos cierran sus mentes a sus grandes ventajas. Se sigue enseñando  “pégale, pégale más”  en demasiado hípicas.

Más allá del efecto de la incorporación de los conocimientos científicos en la equitación, se explora también maneras completamente diferentes de interaccionar con el caballo, pie a tierra o por medio del juego, más adecuadas a la sociedad urbana y estresada cuyos miembros sienten que han perdido el contacto con la naturaleza misma y lo buscan con la ayuda del caballo.

Esto no es un movimiento homogéneo. Sufre los fallos de la sociedad misma: la intervención del comercialismo, la búsqueda de la fama más que la verdad, la tendencia de simplificar demasiado. Sin embargo es lo que necesitamos, un movimiento de nuestros tiempos. Estaremos en Horses and Human donde caballos y humanos se mueven en la misma dirección, la comprensión y el respeto.