Lauri Giménez – Relaciones entre humanos y caballos ¿Utopía o realidad?

En este largo camino hacia la búsqueda del bienestar de los caballos, siempre me surgen nuevos pensamientos, sensaciones y sentimientos hacia ellos, lo que demuestra la gran complejidad de esta búsqueda. Pero una cosa se ha ido repitiendo y reforzando: tenemos muchas cosas en común.

Los caballos sienten y poseen su propia forma de ser, cada uno es único y diferente a los demás, tal y como sucede en los humanos. Como individuos, tanto ellos como nosotros, nos sentimos realizados cuando estamos bien, tanto física como mentalmente. Nos sentimos cómodos viviendo en un entorno seguro, con nuestras necesidades cubiertas y rodeados de individuos que nos quieren y a los que apreciamos. Pasar momentos relajados disfrutando simplemente de todo aquello que nos rodea nos satisface. Pero también nos gusta la excitación en situaciones nuevas, nos gusta explorar, jugar, cortejar, solucionar situaciones y mostrar nuestro potencial físico y mental cuando estamos en forma y nos sentimos fuertes. En ambas especies, podríamos considerar que una vida saludable es aquella en la que se genera el justo equilibrio entre el sistema parasimpático (relajación) y el simpático (excitación), formando un viaje de ida y vuelta entre ambos sistemas y dando como resultado una armonía fisiológica.

Tanto para caballo como para humano, la salud de nuestro cuerpo y mente va directamente relacionada con nuestra calidad de vida y está estrechamente unida a nuestro instinto más puro de supervivencia. Como animales sociales que somos nos enriquece mantener buenas relaciones con otros individuos de nuestro entorno. El apego hacia familia, pareja, amigos u otros animales genera vínculos muy fuertes y profundos que nos ayudan a sobrevivir y que además nos aportan bienestar y alegría, por tanto, no nos gusta separarnos de nuestros seres queridos.

¿Podría ser que estas similitudes entre caballos y personas sean las que formen la base de nuestra relación?

¿Los caballos y los humanos pueden llegar a mantener una relación franca y sin intereses?

¿Podemos lograr mantener una relación deseada por ambas partes en la que tanto caballo como humano se sientan bien juntos?

¿Tenemos todo esto en cuenta cuando estamos con ellos y cuando los tratamos?

¿Cómo debe ser una buena relación?

Una buena relación con nuestros caballos ante todo debe ser honesta y de corazón. Y por ello debemos aceptar que al ser especies diferentes puede haber malentendidos de comunicación y divergencia en los objetivos y metas. Se trata de una relación compleja y por ello es muy importante conocer y entender cómo son, cómo sienten y saber interpretar su lenguaje corporal. Nuestro objetivo es sacar a relucir lo mejor de cada uno de ellos y enseñarles a gestionar lo mejor posible los malos momentos. Sin embargo, actualmente en la domesticación del caballo, sobre todo en la forma más tradicional de la equitación, conducimos mayoritariamente a los caballos a un estado de indefensión aprendida. En nuestro afán humano de querer controlarlo todo, si el caballo se expresa libremente nos produce inseguridad y miedo. En cambio, si el caballo obedece a todo lo que le pedimos y se comporta de forma casi autómata nos produce seguridad y creemos que tenemos el mejor caballo del mundo. Pero esto dista mucho de ser una relación honesta, ya que solo una de las partes se puede expresar. La indefensión aprendida, mentalmente parecida a la depresión, es un estado emocional en el que el caballo se “resigna” y obedece para evitar males mayores. Se trata de un estado que provocamos en los caballos a base de repeticiones, dolor o automatismos, sin dejarles otra opción que la de obedecer nuestras peticiones. Por tanto, los caballos obedecen, pero no lo hacen por curiosidad, por motivación, por sincronía o por compañerismo, sino porque saben que no hay otra salida. Podemos afirmar que un gran número de caballos en la actualidad muestran señales de apatía, incomodidad o dolor crónico, pero pasan desapercibidos, se ha normalizado esta situación…

Si el lenguage es claro podemos convivir

Si queremos despertar y mejorar nuestra relación con ellos debemos focalizarnos en darles una vida plena, en la que se puedan expresar con respeto y formando verdaderos atletas orgullosos de sí mismos. Proporcionarles un entorno afín a su naturaleza es fundamental para una vida saludable y para que desarrollen buenas conductas comportamentales, vivir en grupo les proporciona reglas comportamentales importantísimas. Su preparación mental y física debe estar basada en una comunicación lógica, principalmente corporal, y solo si logramos atletas equilibrados podremos mejorar nuestra relación, hacerla más honesta e incluso realizar actividades de equitación si así lo deseamos.

¿Pero cómo podemos mejorar la comunicación? Uno de los comportamientos naturales que podemos utilizar para ello es la sincronía. La gran maestra Lucy Rees nos explica que los caballos se mueven juntos, en sincronía y debemos aprovechar este comportamiento natural para comunicarnos mejor con ellos. La sincronía está muy presente en el día a día dentro del grupo y ha estimulado que los caballos se conviertan en verdaderos expertos en observar y leer las intenciones, posturas y estados emocionales de cualquier individuo que los rodea. Son verdaderos especialistas observando su entorno, por eso es tan importante que nuestra presencia, actitud y lenguaje corporal sea coherente y verdadero. Igualmente, nosotros debemos aprender a interpretar sus señales, sus expresiones faciales, corporales, su voluntad… Si sabemos escuchar, leer y sentir lo que nos “dicen” y al mismo tiempo sabemos expresarles claramente lo que queremos conseguiremos un “diálogo” precioso.

Sincronia en movimiento

Debemos ser críticos con nosotros mismos, aceptar que tenemos mucho que aprender, pero, para empezar, debemos defender ante todo el bienestar de nuestros compañeros equinos evitando su incomodidad, la apatía y el dolor.