Sílvia Marti – La aventura de aprender a tocar y sentir los caballos desde la la terapia craneo-sacral

Por Sílvia Martí Korff, veterinaria, post-grado en fisioterapia de grandes animales, quiropráctica veterinaria certificada por IVCA, terapia cráneo-sacral humana y veterinaria certificada por Upledger Institute, terapia cráneo-sacral biodinámica.
En mi primera redacción cuando era una niña escribí: “De mayor quiero ser veterinaria de caballos”. En mi familia nadie era veterinario ni montaba a caballo. Conseguí mi sueño, y estuve más de 12 años haciendo clínica ambulante equina. Siempre me sentí atraída por las medicinas complementarias. Durante el post-grado de fisioterapia equina, tuvimos de profesora a una veterinaria americana que nos enseñó nociones de quiropráctica. Me fascinó. Y pensé que me encantaría poder aprender esta técnica. Fué mi siguiente paso, hacer el post-grado en quiropráctica veterinaria, y empezar a tratar bloqueos articulares…Una vocecita interior me dijo que tenía que haber algo más… Por casualidad me apunté a un curso de terapia cráneo-sacral veterinaria del Instituto Upledger. Me sentí como si me hubiera apuntado a un curso de inglés y me hablaran en japonés…

El ritmo cráneo-sacral, las fascias, el cuerpo emocional…. Pensé que era una terapia realmente “estrambótica”. Decidí usarla al principio y al final de las sesiones de quiropráctica, porqué me pareció que los caballos se relajaban mucho al aplicarla. Necesité que un caballo se me cayera encima al realizar un ajuste quiropráctico de la escápula, y me dejara a mí con una “torticulis de caballo”, para decidirme a hacer mi primera sesión a un paciente, exclusivamente con terapia cráneo-sacral, ya que yo casi no podía moverme. Me quedé asombrada y maravillada. Tanto, que decidí ampliar mi formación en terapia cráneo-sacral. Estoy muy agradecida a ese caballo que me puso en mi sitio. Como no había más cursos de terapia cráneo-sacral veterinaria programados, empecé con los de humanos, que se podían hacer en España.

silvia Marti Korf 3 La terapia cráneo-sacral tiene algo de “adictiva”… En la actualidad paso muchas horas al día sintonizando con el ritmo cráneo-sacral, las fascias, los tejidos y las emociones de caballos, perros, personas adultas, bebés y niños. Y hace mucho tiempo que tengo la certeza que mi misión en la vida era justamente esta: dedicarme a tocar, sentir y ayudar desde la terapia cráneo-sacral. Es impresionante ver como una terapia tan sutil, en la que se trabaja con presiones de gramos, puede tener unos efectos tan profundos. El terapeuta es sólo un facilitador, y somos testigos en cada tratamiento, del poder de autocuración del cuerpo, cuando se aplica la escucha necesaria. El reto en cada sesión no consiste en “qué estructuras tiene que recolocar el terapeuta”, sinó en si el terapeuta es capaz de sentir qué articulación, órgano o estructura necesita de la escucha terapéutica para iniciar un cambio hacia la sanación.

La terapia cráneo-sacral se desarrolló como una rama de la osteopatía por W.G. Sutherland a principios del siglo XX. Él pasó muchos años estudiando los movimientos rítmicos y cíclicos de los huesos del cráneo, provocados por la fluctuación de presión hidrostática del líquido cefaloraquídeo dentro del sistema de membranas que envuelven el sistema nervioso central. El Dr. John E. Upledger amplió esos estudios desarrollando los conceptos de escuchar y hablar con los tejidos, y el de liberación somato-emocional. La conciencia del terapeuta contacta con la conciencia del tejido. En personas se puede establecer un diálogo terapéutico verbal con un órgano, víscera o célula, ya que se supone que es el propio tejido el que sabe “porqué enferma”. También las emociones que no han podido expresarse osilvia Marti Korf 3 (2) han supuesto un trauma importante, pueden quedar retenidas en los tejidos, y ser la causa de tensiones y dolores físicos, o de disfunción o enfermedad de algún órgano o estructura. Se pueden liberar esas emociones enquistadas en los tejidos a través de la liberación somato-emocional. Hay emociones que se transmiten de la madre al bebé durante la gestación, e incluso hay emociones que han vivido nuestros ancestros y que pueden transmitirse a través de los genes, de la misma manera que se transmiten las conductas de especie. Hay técnicas físicas de terapia cráneo-sacral destinadas a liberar suturas craneales o bloqueos articulares en la columna vertebral y en las extremidades, soltar tensiones fasciales en los distintos diafragmas corporales, tratar adherencias en cicatrices quirúrgicas, etc. Pero su aplicación es mucho más amplia y profunda. Podemos liberar la restricción de un hueso del cráneo, pero al mismo tiempo estar a la escucha de qué tipo de situación, y relacionada con qué tipo de emoción (dolor,miedo, angustia…), provocó dicha tensión.

En los caballos no hay un diálogo verbal, pero sí igualmente un diálogo con los tejidos, una comunicación “telepática” tanto a nivel de las distintas estructuras corporales, como a nivel del caballo en sí. Existen protocolos que abarcan distintas técnicas para hacer un tratamiento físico global. Pero los mejores resultados se consiguen cuando es el propio animal quien dirige al terapeuta hacia la zona que necesita ser “escuchada”. Y es el animal quien se siente con suficiente confianza, o no, para dejarse trabajar el cuerpo emocional. Esto exige que el terapeuta esté siempre en un estado de relajación, presencia, y escucha para cualquier movimiento curativo que el caballo necesite manifestar. No podemos “forzar” al caballo a trabajar una emoción retenida en el tejido como el miedo, o la tristeza, o el enfado… son ellos los que, si se sienten cómodos y confiados con nuestra escucha, pueden entrar en ese espacio.

silvia Marti Korf 2Con el paso de los años empecé a observar, que a menudo las emociones retenidas en los tejidos de los caballos, coincidían o se asemejaban con las emociones retendias en el propietario o jinete. Esto acostumbra a pasar en personas que sienten un vínculo especial y profundo con su caballo. A menudo la emoción de la persona no resuena ni siquiera con las del propio caballo, sinó que ellos no sólo llevan sobre su espalda el cuerpo físico del jinete, sinó que a menudo cargan con su mochila de emociones. Así que empecé a trabajar con el binomio caballo-jinete, y a veces también, perro-propietario. Habitualmente trato primero al caballo, y si siento que él está preparado para ayudar a la persona, en otra sesión trato a la persona en la camilla colocada en un padock o pista, en la que el caballo está suelto y tiene la libertad de moverse y desplazarse como le plazca. Es impresionante ver como el caballo siente todo lo que está “moviendo” la persona que está en la camilla. Si los tejidos se van soltando, a menudo se quedan alejados físicamente, como si no estuvieran. Cuando la persona se queda encallada porqué está entrando a sentir sus emociones retenidas, y eso puede producir una resistencia refleja del subconsciente, que nos protege de revivir esa emoción, a menudo sólo se acercan y dan la vuelta a la camilla de manera más o menos vigorosa, o a veces colocan su morro encima de la zona en la que hay enquistada la emoción. El caballo actúa de catalizador, y facilita que la persona vaya mucho más allá de trabajar sólo el cuerpo físico. No deja de maravillarme lo que los caballos son capaces de sentir y captar.

Cada vez que en algún curso aprendo a tomar conciencia de alguna parte más de la complejidad de nuestro ser: al silvia Marti Korfprincipio el cuerpo físico, luego el cuerpo emocional, más tarde el cuerpo energético y el alma, siempre tengo la sensación, cuando empiezo a aplicarlo a los caballos, que ellos me dicen “Bien, por fín eres capaz de escuchar también esa parte de nosotros, llevábamos tiempo esperándote”.

Sé que todavía no he llegado al final del camino. Se que me queda muchísimo por aprender. Sé que yo no curo nada ni a nadie. Se que cada uno tiene que recorrer su propio destino. Sé que todos somos seres sensibles sometidos a muchas tensiones físicas y emocionales. No renuncio a la medicina clásica y a las vidas que ésta salva. No renuncio a cualquier terapia física, emocional o energética que sea beneficiosa para la persona o los animales. Yo sólo pongo mi granito de arena en la playa: ayudando a soltar parte de las cargas físicas y emocionales a las personas y animales que escucho. Todo eso sólo puede ocurrir cuando es el momento oportuno para que suceda.

Y por supuesto…una inmensa gratitud hacia los caballos, por todo lo que me han enseñado. Considero que el aprender la terapia cráneo-sacral con ellos, me ha ayudado muchísimo a ser capaz de escuchar los tejidos de las personas, desde el respeto y la buena intención.

Sílvia Martí Korff

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