Una McLister ¿Estás preparado para enfrentarte a un animal que trabaja desde el instinto?

El ser humano es un ser energético. Al igual que poseemos una anatomía física, tenemos también una anatomía energética. El campo energético de cada persona refleja su estado físico, mental y emocional, además de mostrar el grado de integración, bloqueos y retos de la persona en todos los niveles y temas vitales.

El campo energético es la manifestación de la energía universal, íntimamente conectada con la vida del hombre, pero también con el reino animal, vegetal y mineral. En una palabra, conectada con toda manifestación presente sobre la Tierra.

Nuestro campo energético se compone de un campo electromagnético y unos instintos. La pérdida de nuestro instinto de supervivencia y la paulatina sustitución del sentir por la razón, la búsqueda de “corrección” en aquello que hacemos, en lugar de saber que se está haciendo lo correcto simplemente porque así se siente, porque se puede percibir al otro, ha generado en el ser humano una dificultad muy evidente a la hora de comunicarse con otros seres que sí se mueven desde el instinto, como es el caso del amigo equino. Nuestra finalidad debería ser conectar con el caballo, entrar en diálogo con él, no decirle CÓMO hacer las cosas.

Cuando hablamos instintivamente con un animal nos tenemos que poner a su nivel que, en este sentido, es superior al nuestro. Para ello, es indispensable iniciar la relación desde este punto de partida: ser completamente honestos con nosotros mismos. El caballo sabe captar muy bien nuestras vibraciones, pues es este instinto de supervivencia el que le ayuda a sobrevivir. Por lo tanto, nunca podremos tener una relación fructífera con él desde una vibración inicial de miedo, angustia, preocupación o, lo que es lo mismo, desde un campo electromagnético “contaminado”. Se trata simplemente de ser conscientes de dónde nos encontramos, sin miedo a expresar lo que sentimos (el instinto nos mostrará cuándo hacerlo). “Aquí estoy, saca lo mejor de mí”, suelo decirle al caballo; ellos son grandes expertos en perdonar y respetar, ellos pueden ver la energía original. Ante ellos no funcionan las falsas ideas de integridad, nobleza, honestidad, conceptos que en muchas ocasiones no hemos incorporado o asimilado en nuestras vidas, por lo que somos incapaces de entenderlos e identificarlos en el otro, en este caso, en el caballo.

Todos tenemos instintos, pero los hemos ido sustituyendo por la razón. Para poder dar indicaciones, los instintos deben estar despiertos. ¿Cómo despertarlos? Saliendo del pensamiento. Sintiendo, sintiéndonos bien. Dejando a un lado las obligaciones, las preocupaciones, las relaciones tóxicas,…

Sólo estando en un estado tranquilo y relajado, sensible, el instinto nos podrá sugerir cosas. A ese estado es a lo que yo llamo estar AQUÍ y AHORA.

AFÍNATE, VIVE, TRANSMITE, VIBRA. Siempre íntegro y limpio energéticamente, como un caballo tranquilo, nunca como una víctima, nunca desde una pasividad consciente.